Pollo Asado con Patatas Gajo…Si llegamos a 20 “me gusta”, publicaremos la receta. Gracias por su comprensión….

Pollo Asado con Patatas Gajo

Porciones: 4 personas
Tiempo de preparación: 65 minutos
Tiempo de cocción: 50 minutos
Categoría: Aves
Tipo de cocina: Casera y tradicional

El pollo asado con patatas gajo es uno de esos platos clásicos que nunca pasan de moda. Es sencillo, reconfortante y perfecto para reunir a toda la familia alrededor de la mesa. La combinación de un pollo dorado por fuera y jugoso por dentro con unas patatas tiernas y llenas de sabor convierte esta receta en una opción ideal tanto para una comida de domingo como para cualquier ocasión especial.

El secreto para conseguir un resultado realmente delicioso está en cocinar el pollo poco a poco, mantenerlo bien hidratado durante el horneado y aprovechar todos los jugos que quedan en la bandeja. El toque de limón, ajo, perejil, estragón y vino blanco aporta un aroma extraordinario y consigue que tanto el pollo como las patatas tengan muchísimo sabor.

Ingredientes

  • 1 pollo entero, limpio
  • 1 cucharada de estragón
  • 1 cebolla grande
  • 1 limón
  • 8 patatas pequeñas
  • Un buen puñado de perejil fresco
  • 2 dientes de ajo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal al gusto
  • 1 vaso de vino blanco

Cómo preparar el Pollo Asado con Patatas Gajo

Para comenzar, precalentamos el horno a 180 ºC, con calor arriba y abajo. Mientras el horno toma temperatura, preparamos la base de verduras que acompañará al pollo.

Pelamos la cebolla y la cortamos en juliana fina. La distribuimos en una bandeja amplia y apta para el horno. Añadimos una pizca de sal y el estragón, procurando repartirlo bien para que su aroma se mezcle con la cebolla durante la cocción.

A continuación, lavamos muy bien las patatas, especialmente si vamos a conservarles la piel. Las cortamos en forma de gajo, procurando que tengan un tamaño parecido para que se cocinen de manera uniforme. Si lo preferimos, también podemos pelarlas antes de cortarlas.

Colocamos las patatas sobre la cebolla y añadimos sal y un chorrito generoso de aceite de oliva virgen extra. Mezclamos cuidadosamente para que las patatas queden bien impregnadas. Introducimos la bandeja en el horno y dejamos que las patatas comiencen a cocinarse mientras preparamos el pollo.

Mientras tanto, lavamos el pollo y lo secamos ligeramente con papel de cocina. Salamos bien el interior y el exterior. Lavamos el limón y lo introducimos entero dentro del pollo, sin necesidad de quitarle la piel. El limón aportará humedad y un delicioso aroma cítrico durante el asado.

En un recipiente aparte, picamos finamente el perejil y los dos dientes de ajo. Añadimos una cantidad generosa de aceite de oliva y una pizca de sal, y mezclamos hasta obtener una especie de salsa aromática.

Con ayuda de una brocha de cocina, untamos abundantemente la piel del pollo con esta mezcla. Reservamos el resto, ya que lo utilizaremos durante la segunda parte del horneado. Después, atamos las patas del pollo con hilo de cocina para que conserve una forma compacta y se cocine de manera uniforme.

Cuando las patatas hayan empezado a cocinarse, las sacamos cuidadosamente del horno y les damos la vuelta. Colocamos el pollo en el centro de la bandeja, sobre la cebolla y rodeado de las patatas.

Subimos el horno a una temperatura adecuada para continuar el asado y, si disponemos de ventilador, podemos utilizarlo para favorecer un dorado uniforme. Después de unos minutos, pincelamos la piel con aproximadamente un tercio del vino blanco. Este paso ayudará a mantener la carne jugosa y aportará sabor a los jugos de la bandeja.

Continuamos horneando durante unos 20 minutos. Transcurrido este tiempo, retiramos la bandeja y damos la vuelta al pollo con cuidado. Removemos también las patatas y la cebolla con una cuchara de madera para que se impregnen con los jugos que ha soltado el pollo.

Volvemos a untar la piel con la mezcla de ajo, perejil y aceite que habíamos reservado. Introducimos nuevamente la bandeja en el horno y seguimos cocinando hasta que el pollo esté completamente hecho y presente una piel dorada, crujiente y apetecible. Aproximadamente a mitad de esta última fase, incorporamos el resto del vino blanco sobre la bandeja, evitando empapar directamente la piel si queremos conservar su textura crujiente.

Cuando el pollo esté perfectamente dorado, comprobamos que la carne esté bien cocinada antes de retirarlo del horno. Sacamos el limón de su interior con cuidado, lo cortamos por la mitad y exprimimos su jugo sobre la cebolla, las patatas y los jugos que han quedado en la bandeja.

Finalmente, podemos darle al conjunto un último golpe de calor durante unos minutos para que las patatas terminen de dorarse y todos los sabores se integren.

Servimos el pollo caliente, acompañado de las patatas gajo y la cebolla caramelizada en sus propios jugos. Si queremos, podemos añadir un poco de perejil fresco por encima justo antes de llevarlo a la mesa.

El resultado es un pollo jugoso, aromático y dorado, acompañado de unas patatas tiernas por dentro, crujientes por fuera y llenas del sabor del vino, el limón, el ajo y las hierbas. Un plato casero, abundante y delicioso que seguramente hará que todos quieran repetir.

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