Croquetas Rellenas de Jamón y Queso…Si llegamos a 20 “me gusta”, publicaremos la receta. Gracias por su comprensión….

Croquetas Rellenas de Jamón y Queso

Porciones: 6 personas
Tiempo de preparación: 500 minutos
Tiempo de cocción: 25 minutos
Categoría: Aperitivos y Tapas

Las croquetas rellenas de jamón y queso son una de esas recetas caseras capaces de conquistar a todos desde el primer bocado. Su combinación de texturas es sencillamente irresistible: una capa exterior dorada y crujiente que da paso a un interior suave, cremoso y lleno de sabor, con pequeños trozos de jamón y el delicioso toque fundido del queso.

Son perfectas para preparar con antelación, especialmente porque la masa necesita varias horas de reposo en el frigorífico. De hecho, preparar la masa el día anterior es uno de los mejores trucos para conseguir unas croquetas fáciles de moldear y que mantengan perfectamente su forma durante la fritura.

Esta receta es ideal como aperitivo, tapa, entrante o plato para compartir. Puedes servirlas en una comida familiar, una cena informal, una celebración o incluso como parte de una selección de tapas caseras. Además, son una excelente manera de preparar una cantidad generosa y tener algunas listas para congelar y freír en otro momento.

Ingredientes

Para la masa de las croquetas

  • 150 g de jamón
  • 4 lonchas de queso
  • 275 g de harina
  • 150 g de mantequilla
  • 900 ml de leche
  • 1 cucharada de cebolla finamente picada
  • 1 pizca de nuez moscada
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra al gusto
  • 120 ml de aceite de oliva

Para el rebozado

  • 2 huevos
  • Harina, cantidad necesaria
  • 150 g de pan rallado
  • Aceite de oliva abundante para freír

Preparación paso a paso

1. Preparar los ingredientes

Antes de comenzar, recomendamos tener todos los ingredientes preparados. Picamos la cebolla lo más fina posible para que se integre perfectamente en la bechamel.

Cortamos también el jamón en trozos pequeños. Si utilizamos lonchas gruesas, podemos cortarlas primero en tiras y después en pequeños dados. El queso se puede cortar de la misma manera.

Tamizamos la harina y la reservamos. Tamizarla ayudará a obtener una bechamel más fina y reducirá considerablemente el riesgo de que aparezcan grumos.

2. Preparar el sofrito

Ponemos una sartén amplia o una cazuela a fuego medio y añadimos un chorrito de aceite de oliva.

Cuando esté caliente, incorporamos la cebolla picada y la cocinamos lentamente durante unos minutos. Debe quedar tierna y transparente, sin llegar a dorarse demasiado. Una cebolla bien pochada aportará un fondo de sabor suave y agradable a la masa.

3. Elaborar la base de la bechamel

Añadimos la mantequilla y esperamos hasta que se derrita por completo. Cuando esté líquida, incorporamos la harina poco a poco.

Removemos constantemente con unas varillas para mezclar bien la harina con la mantequilla y la cebolla. Cocinamos esta mezcla durante unos minutos. Este paso es importante porque permite que la harina pierda su sabor crudo y proporciona una base mucho más sabrosa para la bechamel.

4. Incorporar la leche

Comenzamos a añadir la leche poco a poco, sin dejar de remover.

Este es uno de los puntos más importantes de toda la receta. No debemos incorporar toda la leche de golpe, sino hacerlo progresivamente mientras mezclamos de manera continua. De esta forma conseguiremos una salsa homogénea, cremosa y sin grumos.

Cuando hayamos añadido toda la leche, bajamos el fuego y seguimos removiendo durante aproximadamente 10 minutos.

La bechamel debe ir espesando poco a poco hasta adquirir una consistencia bastante densa. Debe quedar cremosa, pero lo suficientemente firme como para poder formar las croquetas una vez fría.

5. Condimentar la masa

Añadimos sal, pimienta negra y una pequeña cantidad de nuez moscada.

Es recomendable probar la bechamel antes de añadir demasiada sal, ya que el jamón y el queso pueden aportar bastante intensidad. Mezclamos bien para distribuir los condimentos por toda la preparación.

6. Incorporar el jamón y el queso

Retiramos la bechamel del fuego y añadimos el jamón y el queso que hemos preparado anteriormente.

Removemos hasta que ambos ingredientes queden perfectamente repartidos. El calor de la bechamel ayudará además a que el queso se funda parcialmente, aportando una textura todavía más cremosa y sabrosa.

Vertemos la mezcla en un recipiente amplio y extendemos la superficie.

Cubrimos con film transparente, procurando que el plástico toque directamente la superficie de la masa. Esto evitará que se forme una capa seca mientras se enfría.

7. Dejar reposar

Dejamos que la masa pierda temperatura y después la introducimos en el frigorífico.

Para conseguir el mejor resultado, recomendamos dejarla reposar durante toda la noche. El reposo es fundamental: cuanto más fría y firme esté la masa, más fácil será darle forma y menor será el riesgo de que las croquetas se abran durante la fritura.

8. Formar las croquetas

Al día siguiente, preparamos tres platos: uno con harina, otro con los huevos batidos y un tercero con el pan rallado.

Sacamos la masa del frigorífico y tomamos pequeñas porciones con ayuda de una cuchara. Las moldeamos con las manos hasta conseguir la forma tradicional de las croquetas.

Podemos hacerlas alargadas, redondas o ligeramente ovaladas. Lo importante es procurar que todas tengan un tamaño parecido para que se frían uniformemente.

9. Rebozar

Pasamos cada croqueta primero por harina.

Después la introducimos en el huevo batido y, finalmente, la cubrimos completamente con pan rallado.

Presionamos suavemente el pan rallado alrededor de cada croqueta para asegurarnos de que el rebozado queda bien adherido.

Un rebozado completo es fundamental, ya que funciona como una barrera protectora y ayuda a mantener el relleno cremoso en el interior.

10. Freír las croquetas

Ponemos abundante aceite de oliva en una sartén profunda y calentamos a temperatura media-alta.

Cuando el aceite esté caliente, introducimos las croquetas poco a poco. Es mejor freírlas en pequeñas tandas para evitar que la temperatura del aceite disminuya demasiado.

Las dejamos cocinar hasta que adquieran un bonito color dorado y una superficie crujiente. Les damos la vuelta con cuidado para que se doren por todos los lados.

Cuando estén listas, las retiramos con una espumadera y las colocamos sobre papel de cocina para eliminar el exceso de aceite.

Consejos para unas croquetas perfectas

La masa debe estar muy fría. Este es uno de los mejores trucos para trabajar cómodamente y evitar que las croquetas pierdan su forma.

No tengas prisa con la bechamel. Una cocción lenta y una mezcla constante ayudan a conseguir una textura mucho más suave.

No sobrecargues la sartén. Freír demasiadas croquetas a la vez reduce la temperatura del aceite y puede hacer que absorban más grasa.

Hazlas de un tamaño similar. Así se cocinarán de manera uniforme y todas estarán listas al mismo tiempo.

Déjalas reposar unos minutos antes de comerlas. El interior estará muy caliente después de la fritura, especialmente por el queso fundido.

Cómo servirlas

Estas croquetas están especialmente deliciosas recién hechas, cuando el exterior todavía está crujiente y el interior permanece cremoso y caliente.

Puedes servirlas como aperitivo acompañadas de una ensalada fresca, unas verduras, una salsa suave o simplemente solas. Para una presentación más atractiva, colócalas en una fuente y añade un poco de perejil fresco alrededor.

También son perfectas para preparar con antelación y congelar. Una vez formadas y rebozadas, pueden conservarse en el congelador y cocinarse posteriormente, lo que las convierte en una opción muy práctica para tener siempre un aperitivo casero disponible.

El resultado son unas croquetas de jamón y queso irresistibles, con un rebozado crujiente, una bechamel delicada y cremosa y un delicioso sabor en cada bocado. Una receta tradicional con un toque especial que hará las delicias de grandes y pequeños y que seguramente desaparecerá de la mesa en pocos minutos.

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