Albóndigas de Carne Rellenas de Queso
Porciones: 4 personas
Tiempo de preparación: 25 minutos
Tiempo de cocción: 30 minutos
Categoría: Carnes
Si buscas una receta casera, abundante y llena de sabor, estas albóndigas de carne rellenas de queso son una opción perfecta. Por fuera quedan doraditas y ligeramente crujientes, mientras que por dentro son tiernas, jugosas y esconden un delicioso corazón de mozzarella fundida que aparece en cada bocado.
La combinación de carne picada de vacuno y cerdo, cebolla, ajo, perejil y especias consigue una mezcla muy sabrosa, mientras que la salsa de tomate, enriquecida con un toque de vino blanco, caldo, laurel y pimentón, aporta humedad y profundidad al plato.
Son ideales para una comida familiar, una cena especial o incluso para preparar con anticipación. Además, puedes acompañarlas con pasta, arroz, puré de patata o simplemente con un buen trozo de pan para disfrutar hasta la última gota de salsa.
Ingredientes
Para las albóndigas
- 600 g de carne picada mixta de vacuno y cerdo (aproximadamente 4 tazas)
- 60 g de pan rallado (½ taza)
- 80 ml de leche (⅓ taza)
- 1 huevo
- 80 g de cebolla muy picada (½ unidad mediana)
- 2 dientes de ajo finamente picados (aproximadamente 2 cucharaditas)
- 15 g de perejil fresco picado (3 cucharadas)
- 8 g de sal fina (1¼ cucharaditas)
- 2 g de pimienta negra molida (½ cucharadita)
- 2 g de comino molido, opcional (½ cucharadita)
- 150 g de queso mozzarella cortado en cubitos de 1–1,5 cm
- 30 g de harina de trigo para rebozar ligeramente (2 cucharadas)
- 250 ml de aceite de oliva suave para freír o dorar (1 taza)
Para la salsa
- 400 g de tomate triturado (1½ tazas)
- 60 ml de vino blanco (¼ taza)
- 200 ml de caldo de pollo o verduras (¾ taza)
- 1 hoja de laurel
- 4 g de pimentón dulce (1 cucharadita)
Cómo preparar las albóndigas de carne rellenas de queso
1. Hidratar el pan rallado
Coloca el pan rallado en un cuenco y añade la leche. Mezcla bien y deja reposar durante unos 5 minutos.
Este sencillo paso es uno de los secretos para conseguir unas albóndigas tiernas y jugosas. El pan absorbe la leche y después ayuda a mantener la humedad de la carne durante la cocción, evitando que el interior quede seco.
2. Preparar la cebolla y el ajo
Calienta una sartén pequeña con una cucharada de aceite de oliva y añade la cebolla muy picada junto con el ajo.
Cocina a fuego medio durante unos 5 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla esté transparente y tierna. No es necesario que llegue a dorarse demasiado.
Retira del fuego y deja enfriar completamente. Es importante que esta mezcla esté fría antes de incorporarla a la carne para evitar que el calor afecte al huevo y modifique la textura de la mezcla.
3. Preparar la mezcla de carne
En un bol grande coloca la carne picada, el pan rallado previamente hidratado, el huevo, la cebolla y el ajo ya fríos.
Añade también el perejil fresco, la sal, la pimienta negra y el comino si decides utilizarlo.
Mezcla todos los ingredientes con las manos, utilizando movimientos suaves, hasta conseguir una preparación homogénea. No amases demasiado la carne, ya que trabajarla en exceso puede hacer que las albóndigas queden demasiado compactas.
La mezcla debe quedar húmeda, pero suficientemente firme como para poder formar las bolas.
4. Preparar el queso
Corta la mozzarella en pequeños cubitos de aproximadamente 1 a 1,5 cm.
Antes de utilizarlos, sécalos suavemente con papel de cocina. Esto es importante porque un exceso de humedad puede dificultar el sellado de las albóndigas y hacer que el queso se escape durante la cocción.
5. Formar las albóndigas rellenas
Toma porciones de aproximadamente 30–35 g de carne, equivalentes a una cucharada colmada.
Aplana ligeramente cada porción en la palma de la mano y coloca un cubito de mozzarella en el centro.
Cierra la carne alrededor del queso y presiona bien para sellar todos los bordes. Después rueda suavemente la preparación entre las manos hasta obtener una bola compacta y uniforme.
Es fundamental que el queso quede completamente cubierto por carne. Si queda alguna abertura, el queso podría escaparse durante la cocción.
Continúa hasta terminar toda la mezcla.
6. Rebozar ligeramente
Coloca la harina en un plato y pasa cada albóndiga por ella, cubriéndola apenas con una capa fina.
Sacude el exceso de harina. No buscamos un rebozado grueso, sino una ligera cobertura que ayude a dorar la superficie y a sellar las albóndigas.
7. Dorar las albóndigas
Calienta una sartén amplia con el aceite de oliva. Cuando esté bien caliente, aproximadamente a 170–175 °C, incorpora las albóndigas en tandas.
No llenes demasiado la sartén, ya que necesitan espacio para dorarse correctamente.
Cocínalas durante unos 2–3 minutos, girándolas con cuidado para conseguir un dorado uniforme por diferentes lados.
No es necesario cocinarlas completamente en este punto, ya que terminarán de hacerse dentro de la salsa.
Retíralas y colócalas sobre un plato cubierto con papel de cocina para eliminar el exceso de aceite.
8. Preparar la base de la salsa
Retira casi todo el aceite de la sartén, dejando aproximadamente una cucharada.
Con el fuego medio, incorpora el pimentón dulce y remueve durante unos 10 segundos. Ten cuidado de no quemarlo, porque adquiriría un sabor amargo.
Añade inmediatamente el vino blanco y raspa el fondo de la sartén con una cuchara de madera o espátula para desprender todos los jugos y pequeños trocitos dorados que quedaron de las albóndigas.
Deja cocinar durante 1–2 minutos, hasta que el alcohol se evapore.
9. Incorporar el tomate
Añade el tomate triturado, el caldo y la hoja de laurel.
Mezcla bien y deja cocinar durante unos 5 minutos a fuego medio. Durante este tiempo, la salsa comenzará a reducirse ligeramente y los sabores se concentrarán.
Prueba y, si es necesario, ajusta el punto de sal.
10. Cocinar las albóndigas en la salsa
Introduce nuevamente las albóndigas en la sartén, colocándolas cuidadosamente dentro de la salsa.
Tapa y cocina a fuego suave durante 10–12 minutos.
En lugar de remover directamente con una cuchara, mueve la sartén suavemente de un lado a otro. De esta manera las albóndigas se impregnan de salsa sin correr el riesgo de romperse.
Durante esta etapa terminarán de cocinarse por dentro y la mozzarella comenzará a fundirse.
11. Dejar reposar
Cuando las albóndigas estén listas, apaga el fuego y déjalas reposar durante unos 5 minutos.
Este pequeño reposo es muy recomendable. Permite que la carne termine de asentarse, que absorba parte de la salsa y que el queso fundido se estabilice ligeramente en el interior.
Al cortarlas, encontrarás un centro tierno y cremoso de mozzarella.
Cómo servirlas
Sirve las albóndigas bien calientes, acompañadas de abundante salsa de tomate.
Quedan deliciosas con pasta, especialmente unos espaguetis o tallarines, pero también combinan perfectamente con puré de patata, arroz blanco o unas patatas asadas.
Y si quieres disfrutar de una comida verdaderamente reconfortante, no puede faltar un buen trozo de pan para mojar en la salsa.
Opción al horno
Si prefieres evitar la fritura, también puedes preparar las albóndigas en el horno.
Una vez formadas y ligeramente enharinadas, colócalas sobre una bandeja y hornéalas a 200 °C durante aproximadamente 12 minutos, hasta que estén doradas por fuera.
Después pásalas a la salsa de tomate y cocina durante otros 8–10 minutos, hasta que estén completamente hechas y el queso del interior esté fundido.
Consejos para que queden perfectas
- Mantén el cubito de mozzarella completamente cubierto por carne para evitar que el queso se salga.
- No amases demasiado la mezcla de carne; cuanto menos la trabajes, más tiernas quedarán.
- Seca bien la mozzarella antes de rellenar las albóndigas.
- No sobrecargues la sartén al dorarlas. Es mejor trabajar en varias tandas.
- No cocines demasiado tiempo las albóndigas durante el dorado inicial: terminarán su cocción en la salsa.
- Si quieres prepararlas con antelación, puedes formar las albóndigas y conservarlas refrigeradas hasta el momento de cocinarlas.
- También puedes congelarlas, preferiblemente ya formadas y antes de cocinarlas, para tener una comida casera lista para otro día.
Estas albóndigas son de esas recetas que convierten ingredientes sencillos en un plato realmente especial. Doradas por fuera, jugosas por dentro y con un corazón de queso mozzarella fundido, acompañadas de una salsa de tomate casera y aromática, son una apuesta segura para cualquier ocasión.
Prepáralas para una comida familiar, una cena de domingo o cuando quieras sorprender a tus invitados con un plato abundante, reconfortante y lleno de sabor. Una vez que pruebes ese primer bocado con la carne tierna, la salsa y el queso fundido en el centro, entenderás por qué estas albóndigas se convierten rápidamente en una de esas recetas que todos piden repetir.
